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CAPÍTULO I
LA SITUACIÓN- EL MOVIMIENTO DECEMBRISTA

A mediados del siglo pasado, económicamente, el país se encontraba en un estado de feudalismo agrario. Las ciudades, aparte de San Petersburgo, Moscú, y algunas otras en el sur, estaban poco desarrolladas. El comercio y, sobre todo, la industria, vegetaban. La verdadera base de la economía era la agricultura, de la que vivía el 95% de la población. Pero la tierra era propiedad del estado y de los grandes terratenientes. Los campesinos sólo eran los siervos de estos señores, quienes poseían verdaderos feudos heredados de sus antepasados, quienes a su vez los habían recibido del soberano, primer propietario, en reconocimiento de los servicios prestados, militatres, administrativos y otros. El señor tenía derecho de vida y muerte sobre sus siervos. No sólo les hacía trabajar como esclavos, sino que podía también venderlos, castigarlos, martirizarlos e incluso matarlos, casi sin inconveniente alguno para él. Esta servidumbre de 75 millones de esclavos era la base económica del Estado.

Esta sociedad se componía así: arriba, los amos absolutos; el zar, su numerosa parentela, su corte fastuosa, la nobleza y los magnates de la burocracia, de la casta militar y del clero. Abajo, los esclavos; siervos campesinos y la plebe de las ciudades, sin noción alguna de la vida cívica, sin derechos, sin la menor libertad. La clase media la constituían mercaderes, funcionarios, empleados y artesanos.

El nivel cultural era poco elevado, pero conviene señalar un notable contraste entre la simple población trabajadora, rural y urbana, inculta y miserable, y las clases privilegiadas, cuya educación e instrucción era bastante avanzada.

La servidumbre campesina era la llaga purulenta del país. Hacia finales del siglo XVIII, algunos hombres de carácter noble y elevado protestaron contra este horror, y pagaron cara su audacia.  Los campesinos se sublevaban una y otra vez contra sus amos, en numerosas revueltas locales contra tal o cual señor demasiado despótico. En el siglo XVII, la sublevación de S. Razin, y en el XVIII, la de Pugatchev, por su extensión, aunque fracasaron, causaron graves transtornos al gobierno zarista, y casi quebraron todo su sistema. Ambos movimientos espontáneos y sin un objeto, fueron dirigidos, sobre todo, contra los enemigos inmediatos; la nobleza terrateniente, la aristocracia urbana y la administración venal. No fue formulada ninguna idea general para suprimir el sistema social y reemplazarlo por otro más justo y humano. Más adelante el gobierno consiguió, empleando astucia y violencia, con ayuda del clero y otros elementos reaccionarios, subyugar a los campesinos de manera completa, incluso psicológicamente, de tal forma que toda rebelión más o menos vasta resultó durante mucho tiempo casi imposible.

El primer movimiento francamente revolucionario, el de los decembristas (1825), fue dirigido contra el régimen, y su programa iba, en lo social, hasta la abolición de la servidumbre y, en lo político, hasta la instauración de una república o régimen constitucional. Tuvo lugar cuando el emperador Alejandro I murió sin dejar heredero directo. La corona, rechazada por su hermano Constantino, pasó al otro hermano, Nicolás. Dicho movimiento no surgió de las clases oprimidas, sino de los ambientes privilegiados. Los conspiradores, aprovechando los titubeos de la dinastía, ejecutaron sus proyectos preparados desde hacía tiempo, y arrastraron a la rebelión, que estalló en San Petersburgo, a algunos regimientos de la capital y a oficiales del ejército imperial. Fue desbaratada tras un breve combate en la plaza del senado entre los insurrectos y las tropas fieles al gobierno.

El nuevo Zar, Nicolás I, muy impresionado por la rebelión, dirigió en persona la investigación, que fue lo más minuciosa posible. Se indagó, se registró hasta descubrir a los más lejanos y platónicos simpatizantes del movimiento. La represión, en su deseo de ser ejemplar, definitivamente, llegó hasta el colmo de la crueldad. Los cinco principales cabecillas perecieron en el patíbulo, centenares de hombres fueron al presidio o huyeron al exilio.

Este motín del mes de diciembre dio a sus realizadores el nombre de decembristas. Casi todos pertenecían a la nobleza o a otras clases privilegiadas. La mayoría había recibido educación e instrucción superior. Hombres de inteligencia y sensibilidad hicieron suyas las protestas de sus precursores del siglo XVIII, las tradujeron en actos. Uno de sus adictos, Pastel, desarrolló en su programa algunas ideas vagamente socialistas. El célebre poeta Pushkin (nacido en 1799) también fue simpatizante.

Una vez vencida la rebelión, el nuevo emperador Nicolás I, amedrentado, extremó el régimen despótico, burocrático y policial del estado ruso.


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