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CAPÍTULO II
EL MOVIMIENTO NIHILISTA- LAS REFORMAS DE ALEJANDRO II-
LOS PRIMEROS GRUPOS SOCIALISTAS

En un país tan grande y prolífero como Rusia, la juventud era numerosa en todas las capas de la población. ¿Cuál era su mentalidad en general? Aparte de la campesina, las jóvenes generaciones más o menos instruidas profesaban ideas avanzadas. Los jóvenes de mediados del siglo XIX admitían difícilmente la esclavitud de los campesinos. El absolutismo zarista los soliviantaba. El estudio del mundo occidental, que ninguna censura conseguía impedir y proporcionaba el gusto del fruto prohibido, excitó su pensamiento.

En lo económico, el trabajo de los siervos y la ausencia de toda libertad, no respondían ya a las exigencias incipientes de la época.

La intelectualidad, sobre todo la de la juventud, se mostró, hacia fines del reinado de Nicolás I, como teóricamente emancipada y se alzó decidida contra la servidumbre y el absolutismo. Nació la famosa corriente nihilista y, en consecuencia, el agudo conflicto entre los padres, conservadores, y los hijos, resueltamente avanzados, que Turguenev ha descrito, magistralmente, en su novela Padres e Hijos.

El término nihilismo fue introducido en la literatura y luego en la lengua rusa por el célebre novelista Iván Turguenev (1818-1883) a mediados del pasado siglo. Turguenev calificó así a una corriente de ideas, y no a una doctrina, que se manifestó entre los jóvenes intelectuales rusos a fines de 1850, y la palabra entró pronto en circulación. Tuvo esa corriente un carácter esencialmente filosófico y, sobre todo, moral. Su influencia quedó siempre restringida y nunca pasó más allá del intelectualismo. Su actitud fue siempre personal y pacífica, lo que no le impidió estar animada de un gran aliento de rebelión individual, de un sueño de felicidad para toda la humanidad. No se extendió fuera del dominio de la literatura y de las costumbres, ya que ello era imposible bajo el régimen de entonces. Pero no retrocedió ante ninguna de las conclusiones lógicas que formuló y procuró aplicar individualmente como regla de conducta. Emancipación completa del individuo de todo cuanto atente a su independencia o a la libertad de su pensamiento. Tal fue la idea fundamental del nihilismo. Defendía así el derecho del individuo a una entera libertad y a la inviolabilidad de su existencia, para ambos sexos.

A pesar de su carácter esencialmente individual y filosófico, pues defendía la libertad del individuo de una manera abstracta mucho más que contra el despotismo que entonces reinaba, el nihilismo preparó la lucha contra el obstáculo real e inmediato, a favor de una emancipación concreta, política, económica y social. ¿Qué hacer para liberar efectivamente al individuo? El nihilismo se planteó esta interrogante en el terreno de las discusiones puramente ideológicas y en el de las realizaciones morales. La acción inmediata para la emancipación fue planteada por la generación siguienteen el transcurso de los años 1870- 1880. Entonces se formaron en Rusia los primeros grupos revolucionarios y socialistas. La acción comenzó. Pero no tenía nada de común con el nihilismo de antes, cuyo nombre permaneció en lengua rusa como un término histórico y un recuerdo ideológico de los años 1860-1870. Que se llame nihilismo a todo movimiento revolucionario ruso anterior a al bolchevismo y se hable de un partido nihilista, es, pues, un error debido al desconocimiento de la verdadera historia revolucionaria de Rusia.

A partir del año 1860, las reformas se sucedieron a ritmo rápido e ininterrumpido. Las más importantes fueron la abolición de la esclavitud, en 1861, la constitución de tribunales con jurados electos, en 1864, en lugar de los antiguos tribunales de estado, compuestos por funcionarios.

Todas las fuerzas y, en particular, los intelectuales, se precipitaron a una actividad que la nueva situación hacía posible. Las municipalidades se consagraron con mucho ardor a la creación de una extensa red de escuelas primarias de tendencia laica, aunque vigiladas por el gobierno. La enseñanza de la religión era obligatoria, y el pope, en ellas, era importante. Con todo, se beneficiaban de cierta autonomía. El cuerpo docente era reclutado por los consejos urbanos y rurales entre los intelectuales avanzados.

Por importantes que fueran, en relación con la situación anterior, las reformas de Alejandro II no dejaban de ser tímidas y muy incompletas para las aspiraciones de los avanzados y para las verdaderas necesidades del país. Para ser eficientes e infundir al pueblo un verdadero impulso, debieran ser completadas, al menos, por el otorgamiento de algunas libertades y derechos cívicos: libertad de prensa y de palabra, derecho de reunión y de organización, etc., pero en este aspecto nada cambió. La censura apenas fue menos absurda. En el fondo, la prensa y la palabra permanecieron reprimidas. Ninguna libertad fue concedida; la clase obrera naciente no tenía ningún derecho; la nobleza, los propietarios de la tierra y la burguesía continuaron siendo las clases dominantes y, sobre todo, el régimen absolutista se conservó intacto. Por otra parte, fue justamnte el miedo a un posible resquebrajamiento lo que, por una parte, incitó a Alejandro II a arrojar al pueblo el hueso de las reformas; pero, por otra, le impidió extenderlas más a fondo. Ellas estuvieron lejos de brindar una satisfacción al pueblo.

Los mejores representantes de la juventud intelectual comprendieron esta situación lamentable, tanto más cuanto que los países occidentales gozaban ya de un regimen político y social relativamente avanzado.

Como de costumbre, desafiando y engañando a la censura (los funcionarios carecían en mucho de instrucción y de inteligencia  para comprender la sutilidad y la variedad de los procedimientos), los mejores periodistas de la época, tales como Shernishevsky, que finalmente pagó su audacia con trabajos forzados, lograron propagar las ideas socialistas en los medios intelectuales mediante artículos en revistas, escritos de manera convencional. Ellos instruían así a la juventud, poniéndola regularmente al corriente de los movimientos ideológicos y de los acontecimientos políticos y sociales del exterior.

Es, pues, natural que, alrededor de esos años, se hayan formado grupos clandestinos para luchar activamente contra el regimen abyecto y, ante todo, para extender la idea de la liberación política y social entre las clases laboriosas. Estos grupos se componían de jóvenes de ambos sexos, que se dedicaron enteramente, con gran sacrificio, a la tarea de “despertar la conciencia de las masas trabajadoras”.


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