La Revolución Rusa, por Voline y Archinoff:De febrero a octubre
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CAPÍTULO VIII
DE FEBRERO A OCTUBRE:
LA REVOLUCIÓN SE DESLIZA HACIA LA IZQUIERDA

El punto capital a destacar en tales hechos es que la acción de las masas fue espontánea, victoriosa lógica y fatalmente, tras un largo período de experiencias vividas y de preparación moral. No fue organizada ni guiada por ningún partido político. Apoyada por el pueblo en armas (el ejército) triunfó. El elemento de organización debía intervenir, e intervino, inmediatamente después.

Otro punto importante es que, una vez más, el impulso inmediato y concreto fue dado a la revolución por la imposibilidad absoluta para el país de continuar la guerra, imposibilidad que chocaba con la obstinación del gobierno. Esta imposibilidad resultó de la desorganización total, del caos inextricable en que la guerra hundió al país.

El primer gobierno provisorio, esencialmente burgués, quedó, pues, reducido a una impotencia manifiesta, ridícula y mortal. El pobre hacía lo que podía para mantenerse: daba vueltas , se contradecía, se arrastraba. Esperando, arrastraba también los problemas más candentes. La crítica y la cólera general contra este gobierno fantasma adquirían, día a día, más amplitud. Muy pronto la existencia se le tornó imposible. Apenas 60 días después de su solemne instalación, debió ceder su puesto sin lucha, el 6 de mayo, a un gobierno de coalición, con participación socialista, y cuyo miembro más influyente era A. Kerensky, socialista revolucionario muy moderado, más bien independiente.

Es entonces cuando Kerensky, jefe supremo de este tercer y luego de un cuarto gobierno, casi semejante al anterior, se transforma por algún tiempo en conductor, y el partido socialista revolucionario, en estrecha colaboración con los mencheviques, pareció erigirlo definitivamente como jefe de la revolución. Un paso más y el país habría tenido un gobierno socialista capaz de apoyarse sobre fuerzas efectivas: el campesinado, la masa obrera, una gran parte de los intelectuales, los soviets y el ejército. Sin embargo, no sucedió así.

Al llegar al poder, el último gobierno de Kerensky parecía muy fuerte. Y, en efecto, podía llegar a serlo.

A partir del 17 de octubre, el desenlace se aproxima. Las masas están prestas para una nueva revolución, como lo prueban los levantamientos espontáneos desde julio, el ya citado de Petrogrado y los de Kaluga y Kazán y otros de pueblo y de tropa, en diversos puntos.

El partido bolchevique se ve, entonces, ante la posibilidad de apoyarse sobre dos fuerzas efectivas: la confianza de gran parte del pueblo y una fuerte mayoría en el ejército. Así pasa a la acción y prepara febrilmente su batalla decisiva. Su agitación produce efervescencia. Ultima los detalles de la formación de cuadros obreros y militares. Organiza, también, definitivamente, sus propios equipos, y redacta la lista eventual del nuevo gobierno bolchevique con Lenin a la cabeza, quien vigila los acontecimientos de cerca y transmite sus últimas instrucciones. Trotsky, el activo brazo derecho de Lenin, llegado hacia varios meses de Norteamérica, donde residió desde su evasión de Siberia, participa en puesto destacado.

Los socialistas revolucionarios de izquierda actúan de acuerdo con los bolcheviques.

Los anarcosindicalistas y los anarquistas, poco numerosos y mal organizados, pero muy activos también, hacen todo lo que pueden para sostener y alentar la lucha contra Kerensky, no por la conquista del poder, sino por la organización y la colaboración libres.

Conocida la extrema debilidad del gobierno Kerensky y la simpatía de una aplastante mayoría popular, con el apoyo activo de la flota de Cronstadt, siempre a la vanguardia de la revolución, y de gran parte de las tropas de Petrogrado, el Comité Central del partido bolchevique fijó la insurrección para el 25 de octubre. El Congreso panruso de los soviets fue convocado para la misma fecha.

Los miembros del comité central estaban convencidos de que este congreso de mayoría bolchevique y obediente a las directivas del partido, debía proclamar y apoyar la revolución y reunir todas las fuerzas para hacer frente a la resistencia de Kerensky. La insurrección se produjo el día señalado por la tarde. Y simultáneamente el congreso de soviets se reunió en Petrogrado. No hubo combates en las calles ni se levantaron barricadas.

Abandonado por todo el mundo, el gobierno Kerensky, asido a verdaderas quimeras, permanecía en el Palacio de Invierno, defendido por un batallón seleccionado, otro compuesto de mujeres y algunos jóvenes oficiales aspirantes.


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